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Visitar un museo virtual ha sido uno de los planes recurrentes durante esta cuarentena.

Pero, ¿por qué la experiencia nunca será igual que visitar un museo de verdad?

La visita a un museo virtual es uno de esos planes caseros que hoy compite con Netflix, WhatsApp, los videojuegos y una cantidad ingente de alternativas de ocio. Durante la pandemia, se ha hecho un hueco y experimentado su mayor aumento de interés en 5 años, como muestra Google Trends.

La tecnología ha avanzado tanto que incluso podemos ver obras en 3D desde el salón de casa. Pero, ¿qué nos estamos perdiendo?

Juan Antonio Carrera, asistente en el registro de obras del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, destaca 4 aspectos que hacen que la visita a un museo, el de verdad, sea una experiencia única:

Los materiales de la obra

“La madera, el acero, el cobre, el papel, el lienzo… La representación digital de las obras no alcanza a expresar el carácter de los materiales que las componen y dan sentido”

Las dimensiones

“El tamaño de la pieza está ligada al sentido de lo que quiere expresar. La gran dimensión del Guernica sobrecoge. Sientes una presencia que lo abarca todo y que es irreproducible en una visita virtual”

El discurso visual de la exposición

“El museo es juez y parte. Recrea un discurso visual que no es inocente, que tiene una intención. El orden de las obras, su disposición, la luz empleada… Todo son factores que guían al visitante durante el viaje que el museo propone”

El propio museo es una obra de arte

“No es lo mismo ver la vidriera de una catedral en una foto, que verla desde dentro del templo. Con mucha frecuencia, los edificios de los museos tienen historia y belleza propias, que también aportan valor a la exposición”

Redacción EL TUPÉ


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