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La media del indulto en España pasa de 1,2 al día a la misma cifra cada once días

La pandemia bloquea el perdón de presos en Semana Santa por segunda vez en la historia


En este texto, dos tendencias, un diagnóstico y fake news del siglo XVIII

Así las cosas, el indulto no se aplicará esta Semana Santa en España. «Sin procesiones, no hay perdones que valgan», ha argumentado el Gobierno, aunque es probable (o posible) que puedan celebrarse antes de que comamos las uvas.

En lo que va de 2020, se han concedido 10 indultos. De terminar así el año, sería la menor cifra desde 1996, primer ejercicio que la organización Civio, invitada especial y proveedora de datos oficial en este artículo, ha monitorizado en El Indultómetro.

Primera tendencia: caída libre del indulto en España

Cada vez se indulta menos en España; no somos ni la sombra de lo que éramos.

En efecto, la pandemia ha aplastado la curva del indulto, pero ya había empezado a aplanarse, exactamente, en el paso de 2012 (534 indultos) a 2013 (204), una caída del 61% que significó el fin de la Belle Époque del indulto patrio, que cuenta con hitos cuantitativos memorables. Uno de ellos, la cifra del 2000: 1.744 indultos.

Considerando que la población reclusa era, en enero de aquel año, de 44.842 personas, la cifra representa el 3,88% del total de los presos y presas de España: algo así como extraer de Madrid capital a todos los habitantes de Carabanchel

En la actualidad, pese al repunte de 2019 (40) respecto a 2018 (17), mínimo histórico vigente, a la espera del cierre de 2020, el volumen se ha mantenido por debajo de 100 indultos al año: 2014 (87), 2015 (75), 2016 (27), 2017 (26). 


Desde 1996 a 2019, se han concedido 10.622 indultos, con una media de 1,2 indultos al día.

Sin embargo, si tomamos solo los datos de 2019, se necesitan once días para alcanzar la misma cifra (1,2)

El diagnóstico: más vigilancia, más conciencia

Regeneración política y transparencia son dos conceptos básicos para entender la etapa posterior al movimiento 15-M (2011) en España: la crisis reactivó los mecanismos de control y vigilancia de los poderes públicos. Desde entonces, es habitual encontrar epígrafes sobre estas cuestiones en los programas de todos los partidos. De puertas hacia afuera, cerraron filas. Más allá de la propaganda, el diagnóstico es fácil: «de todo aquello, algo ha calado».

El panorama actual de los indultos es una manifestación del cambio. Ahora se lo piensan dos veces, también porque se sienten vigilados. Y, en esto, el periodismo tiene algo que decir. Esta década ha conocido el auge del periodismo de datos, una de cuyas vocaciones es arrojar luz sobre la acción de los gobiernos. El Indultómetro de Civio es una de las herramientas del gremio surgidas en este nuevo tiempo. Se creó en 2013, el año en que empezó a aplanarse, precisamente, la curva del indulto en España.

Segunda tendencia: sin indulto para los corruptos en España

Indultar a corruptos ya no mola.

En 2019, no se registró ninguno, aunque se perdonó a un exalcalde del PSOE por obstrucción a la justicia y a dos miembros de las fuerzas del orden por falsificar documentos. En 2015, 2016 y 2018, tampoco. Los últimos indultos (6) relacionados con delitos de corrupción se registraron en 2017. En total, desde 1996 Civio ha contabilizado 227 casos, el 30% de los cuales (70) se registraron en nuestro ejemplo favorito de este análisis: el efecto 2000. El 1 de diciembre de aquel año, Ángel Acebes, Ministro de Justica, firmó 1.328 indultos en un solo Consejo de Ministros.

De momento, entre los 10 perdones de 2020, hay uno que no sabemos si encaja en alguna de las categorías de la corrupción: el indulto a otro exalcalde del PSOE que falsificó un informe para que su madre pudiera poner unas ventanas con vistas a un patio, probablemente en previsión del Gran Confinamiento.

La historia se repite dos veces: primero como tragedia, después como pandemia

Tiene su gracia que la tradición del indulto a presos en España durante Semana Santa tenga su origen en una epidemia ocurrida en abril de 1759, cuando la peste golpeó a Málaga y las autoridades locales, que probablemente contaban con certeras alertas de la OMS desde marzo, y habían visto una premonitoria TED Talk de Adam Smith, decidieron cancelar las procesiones.

A los reclusos de la ciudad no les pareció una buena idea: se amotinaron, escaparon y luego pasearon su imagen favorita por las calles. Terminado el ritual, volvieron ordenadamente a la cárcel. Y, ¡milagro!, la peste se acabó. La leyenda (las leyendas son las noticias falsas del pasado) llegó al rey Carlos III, quien, impresionado por la capacidad desinfectante de la sanidad divina, que es la más barata de todas, inició una tradición que en 261 años solo ha podido detener una guerra civil y la covid-19, poca broma.


Por David Pérez, periodista y escritor

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