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El 50% de los jóvenes entre 12 y 35 años escucha música con auriculares a un volumen de riesgo

Una de cada diez personas en el mundo sufrirá una pérdida de audición discapacitante en 2050


«Te vas a quedar sordo». He aquí una frase clásica del imaginario colectivo español, asimilable especialmente al ámbito doméstico, aunque cada vez más frecuente en otros espacios, desde el colegio a los centros de trabajo. «Te vas a quedar sordo», dice un progenitor en esa escena que atraviesa el siglo XXI (y parte del XX), alarmado por el volumen de la música que sale de los auriculares del vástago. Bien, pues ya está pasando. Los jóvenes del mundo se están quedando sordos de forma prematura. Exactamente, con veinte años de adelanto. En la actualidad, se diagnostican en personas de 40 años pérdidas auditivas antes habituales en personas de 60 a 65 años, según la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC).

En 2021, empezarán a cumplir los cuarenta los primeros millennials, cosecha del 81. En términos de audición, hablamos de la primera generación de la historia que afrontará la mitad de su vida con el sentido del oído deteriorado de forma generalizada. Las causas son de origen recreativo: escuchar música con auriculares a un volumen excesivo o exponerse a presiones sonoras de riesgo en discotecas, bares y conciertos. La alta fidelidad tenía un precio: un problema de salud pública.

La doctora María José Lavilla Martín de Valmaseda, presidenta de la Comisión de Audiología de la SEORL- CCC, habla con EL TUPÉ. «Estos factores están condicionando que la pérdida auditiva aparezca a edades más tempranas, de tal manera que se estima que nuestros jóvenes puedan estar adelantando la aparición de problemas auditivos 20 años, manifestándose los trastornos típicos de personas de 60 años a los 40. Se está gestando una generación de futuros sordos prematuros«.

«Es un incremento estimado, no constatado, ya que pérdida de audición inducida por exposición al ruido es lenta y progresiva, tan lenta que al principio pasa totalmente desapercibida, y cuando ya se nota es una pérdida evidente. Así que, los jóvenes no consultan porque no son conscientes de la pérdida, y consultarán alrededor de los 40 años, cuando ya sea tarde»

Cuidado con los auriculares

Mientras tanto, los auriculares (el invento de un mormón fundamentalista, el ingeniero electrónico Nathaniel Baldwin, en 1910) viven una Edad de Oro Inalámbrica, con una nueva ola de ventas auspiciada por el coronavirus. En 2019, el Walkman cumplió 40 años. Su sucesor fue el Discman (1984). Después llegaron, por este orden, el MP3 (1998), el primer móvil con MP3 (2000) y el iPod (2001). En 2016, se popularizaron los cascos inalámbricos. Solo en el último trimestre de 2019, el mercado de los auriculares sin cables creció un 50%. Durante la pandemia, se ha registrado un incremento del 400% en las ventas. En 2020, Apple espera vender 100 millones de AirPods. Todo en orden. 

La generación Y abrió el camino. Pero, si avanzamos a las siguientes, la cosa empeora. Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicado en marzo de 2020, el 50% de las personas entre 12 y 35 años escucha música con un volumen dañino cuando usa auriculares en un móvil o un reproductor. Además, el 40% de estos jóvenes se expone habitualmente a niveles de presión sonora de riesgo en conciertos, bares o discotecas. 

Si continúa la progresión, en 2050 más de 900 millones de personas en el mundo (es decir, una de cada diez) sufrirá una pérdida de audición discapacitante: superior a 40 decibelios en adultos y 30 decibelios en niños. Los matices del mundo se perciben en esos niveles: una conversación normal se sitúa en una franja entre 50 y 60 decibelios; el rumor del oleaje en la costa, en 30 decibelios; el canto de los pájaros, a partir 10 decibelios. 

Las personas cuentan con un promedio entre 16.000 y 20.000 células ciliadas para toda la vida. Ubicadas en la cóclea, son las encargadas de crear las señales eléctricas que posteriormente interpreta el cerebro. No se renuevan; por tanto, las lesiones auditivas son irreversibles. La sobreestimulación crítica o continuada de estas células sensoriales puede provocar daños en el oído para siempre. 


La doctora Lavilla lo explica. «En una primera fase la sordera es moderada: al principio hay una pérdida de unos 30-40 dB en la frecuencia aguda (4000 Hz) que se puede revertir al cesar la exposición al ruido. Se han realizado estudios a jóvenes antes y después de entrar en las discotecas, comprobando estos hechos. Pero luego el daño auditivo se hace permanente e irreversible, la pérdida es cada vez más intensa y afecta también a las medias y las bajas frecuencias, llegando en una fase terminal a ser una sordera severa. Esta pérdida es similar a la del envejecimiento».

Autocontrol del volumen: la regla 60/60

Actualmente, la OMS establece desde hace años en 65 decibelios el límite recomendado para el uso de auriculares. En los últimos años, la organización también ha popularizado la regla del 60/60: el 60% del volumen del dispositivo durante 60 minutos al día.

Desde 2013, la Unión Europea es el único mercado que exige a los fabricantes de teléfonos y reproductores personales un estándar de 85 decibelios en los niveles de salida de audio, con un máximo de 100 decibelios (a decisión del usuario). En los móviles, según esta normativa debe aparecer una alerta cuando se supera el umbral de riesgo. En Estados Unidos, donde no existen restricciones de fabricación, Apple también integra un limitador de volumen. No obstante, superar los 85 decibelios es una decisión individual. Además, para cualquier usuario interesado es sencillo evitar las limitaciones accediendo a la compra de dispositivos o auriculares alternativos. Por eso es importante el autocontrol.

«Hay que advertir a los jóvenes encarecidamente que cumplan las recomendaciones legisladas del producto en la Unión Europea. Se recomienda no escuchar la música a más del estándar mínimo de salida automático con el encendido, que es menor de 85 dB. Si el usuario decide, voluntariamente, incrementar los niveles a más de 85 dB, estos dispositivos incorporan medidas de aviso cada 20 horas de escucha, que alertan de riesgo. Nunca se deben de sobrepasar los 100 dB. Por ejemplo, un IPhone tiene la posibilidad de que ajustes la música y elijas la opción de la normativa de la UE. Si no eliges esta opción la intensidad máxima a la que puedes escuchar no está limitada»

María José Lavilla, presidenta de la Comisión de Audiología de la SEORL- CCC

En general, el riesgo de lesiones auditivas es el resultado de la combinación de tres factores: la intensidad del sonido, el tiempo de exposición y la periodicidad de la misma. Es peor una sesión extrema de Vivaldi a 115 decibelios quince minutos al mes que escuchar hardcore punk a 80 decibelios durante tres horas al día. Solo quince minutos escuchando música a 100 decibelios equivale a ocho horas de exposición al tráfico rodado de una ciudad o a una jornada laboral en una fábrica (situaciones de 85 decibelios).

«A partir de un nivel equivalente de 80 decibelios, que no es dañino, por cada 3 decibelios que aumentemos el ruido, habrá que reducir el tiempo de exposición a la mitad para evitar el daño. Además, los insertores son más perjudiciales que los auriculares de diadema», explica María José Lavilla Martín. Si la actividad se repite por tiempo prolongado, para no poner en riesgo la audición, la doctora recomienda el siguiente criterio:

80 dB (8 horas al día; 40 horas semanales)

83 dB (4 horas al día; 20 horas semanales)

86 dB (2 horas al día; 10 horas semanales)

89 dB (1 hora al día; 5 horas semanales)

92 dB (media hora al día; 2,5 horas semanales)

95 dB (15 minutos al día; 1,25 horas semanales)


En la UE los móviles y reproductores están limitados a 85 decibelios, aunque el usuario puede aumentarlos voluntariamente hasta los 100 decibelios

Quince minutos escuchando música a 100 decibelios equivale a ocho horas de exposición del oído al tráfico rodado de una ciudad

La presión sonora es inversamente proporcional al tiempo necesario para el riesgo de una lesión. Por ejemplo, son necesarias 25 horas de exposición para que exista riesgo de lesión con una presión de 80 decibelios, según las mediciones del Departamento de Salud de Estados Unidos. Con 83 decibelios, se reduce a la mitad (12 horas de exposición). Y así sucesivamente: 86 decibelios (6,5 horas); 89 decibelios (3 horas); 95 decibelios (45 minutos); 98 decibelios (23 minutos); 104 decibelios (6 minutos); 107 decibelios (3 minutos); 113 decibelios (menos de un minuto). A partir de aquí, empieza la zona crítica. «Con una exposición superior a 85 decibelios ya hay riesgo de pérdida auditiva si la exposición se repite en el tiempo. Por encima de 100 decibelios, ya hay riesgo de pérdida inmediata. Por encima de 115, siempre hay daño», explica la doctora Lavilla.

El umbral del dolor del oído humano se sitúa entre 120 y 125 decibelios. Por encima de los 140 decibelios, el sonido debería resultar insoportable para cualquier persona, salvo que ya exista una lesión en las células sensoriales auditivas. 

«Si tras una exposición a un ruido intenso presentamos zumbidos en los oídos, distorsión sonora o pérdida temporal de la agudeza auditiva, hemos de consultar al especialista, disminuir el volumen de lo que escuchamos y considerar que ya tenemos una susceptibilidad individual para sufrir daño auditivo. Si no escucho las voces de la gente alrededor, no entiendo las conversaciones en ambiente de ruido, tengo que poner la televisión más alta que los demás u oigo, pero no entiendo… Tengo que pensar que puedo tener un problema de audición y consultar al especialista, además de cuidarme concienzudamente», recomienda finalmente la la doctora María José Lavilla Martín.

Auriculares con cancelación de ruido para el país más ruidoso de Europa

Uno de los motivos más comunes para subir el volumen de los auriculares es el ruido exterior: en el transporte público, en la calle, en el trabajo, en el hogar… El objetivo es aislarse del mundanal ruido. Para lograrlo, forzamos al máximo: cuanto más ruido afuera, más decibelios en los cascos. En España, ruido hay de sobra. Desde 1991, cuando la OCDE le endosó el puesto, es señalado como el segundo país más ruidoso del mundo, tras Japón. En 2014, la OMS renovó su lugar en el ranking, aunque el Grupo de investigación en instrumentación y acústica aplicada de la Universidad Politécnica de Madrid no está de acuerdo: según su análisis, España sería el sexto.

En cualquier caso, ruido hay en todas partes, y no todos los auriculares son iguales. Para lograr el aislamiento deseado, es más recomendable invertir en unos auriculares con cancelación de ruido que subir el volumen a niveles de riego. Palabra de honor de EL TUPÉ.


Por David Pérez, periodista y escritor

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