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De un día para otro, todo cambió. La producción frenó en seco, cerraron las fábricas y se congelaron las ventas. Ante la imposibilidad de mantener la actividad, además, las empresas se acogieron de forma masiva a los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo. La automoción, fundamental para la industria española, se ha llevado un golpe muy duro con la crisis sanitaria que ha provocado el coronavirus. Se trata, de hecho, de uno de los sectores que peor lo está pasando con la pandemia que nos ha acorralado. Coches y coronavirus se han combinado para generar un grave problema económico y social.

Se encuentra en un situación crítica que ha provocado incluso que todo tipo de agentes hayan lanzado un mensaje conjunto de auxilio para tratar de salvar los muebles y mantenerse a flote. José Vicente de los Mozos, presidente de la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (ANFAC), se encuentra entre ellos. Ha reclamado al Gobierno, como otros que comparten rama profesional, un plan de ayudas que permita recuperar el pulso a una industria que considera estratégica para el país: “No hacer nada por esta industria sería gravísimo, en términos económicos, sociales y medioambientales”

Coches y coronavirus: Una situación muy sensible

Parece que por ahí va el camino hacia la salvación ya que el panorama en el sector es realmente desolador. La producción sufrió un retroceso del 45% en marzo y se acercó al 100% el mes siguiente. “Las fábricas, a finales de abril, y bajo estrictos protocolos de sanidad y seguridad, han comenzado su reactivación de manera gradual”, explica Noemi Navas, directora de Comunicación de ANFAC.

Pero la situación sigue siendo muy sensible. Solo con eso no llega. El panorama es un drama. Con el parón, la viabilidad de la actividad se convirtió en la preocupación fundamental y los ERTES se popularizaron. La automoción se convirtió, de este modo, en el único sector industrial que ha detenido completamente su cadena de valor. Desde la fábrica al concesionario.

Pero la situación sigue siendo muy sensible. Solo con eso no llega. El panorama es un drama. Con el parón, la viabilidad de la actividad se convirtió en la preocupación fundamental y los ERTES se popularizaron. La automoción se convirtió, de este modo, en el único sector industrial que ha detenido completamente su cadena de valor. Desde la fábrica al concesionario.

Los datos reflejan el profundo impacto que ha dejado la crisis sanitaria y recogen un descenso del 96,5% de la matriculación de turismos en el último mes. De ahí que todos los agentes de la industria se hayan unido para solicitar medidas, como señaló Raúl Palacios, de la Asociación Nacional de Vendedores de Vehículos a Motor, Reparación y Recambios (Ganvam), “orientadas a que las empresas puedan proteger de forma eficaz el empleo”. Porque la salida de esta situación no va a ser nada fácil.

¿Un coche nuevo?

Las estimaciones, de hecho, pasan porque la fabricación caiga en unas 700.000 unidades con respecto al año 2019. De ahí la petición de incentivos para una demanda que permanecerá previsiblemente a la baja debido a las restricciones de movilidad. Cuando no se puede viajar, se antoja complicado que haya muchos compradores pensando en un coche nuevo. Pero esta industria tiene un efecto muy importante sobre el resto de la economía y su capacidad tractora es indiscutible.

En su petición de apoyo por parte del gobierno, María Helena Antolin, presidenta de Sernauto (asociación de proveedores), resaltó que la automoción “sustenta el 10 % del PIB nacional y el 9% de la población activa españolas”. Uniéndose de este modo a quienes resaltan la necesidad de mimarla para recuperar la economía.

¿Cómo salir adelante?

“Si no actuamos con urgencia nuestras empresas corren serio peligro”, comentó también Gerardo Pérez, presidente de Faconauto (agrupación de concesionarios), en la solicitud conjunta de atención que las principales entidades del sector lanzaron al gobierno para que les ayude a resolver el problema que han formado coches y coronavirus.

Para salir adelante, todas estas organizaciones reclaman un plan de choque urgente y que sea compatible con el cumplimiento de los objetivos de descarbonización del parque. Combinado con un paquete de medidas fiscales y otras que potencien la inversión en innovación. Porque si la industria de la automoción no arranca, señalan quienes forman parte de ella, la economía española no va a ninguna parte.

Por Javier Fernández

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