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Pocos caminos llevan al corazón de una ciudad y de las personas como lo hace el deporte base

260 niños y 520 padres conforman una familia, la del Gijón Basket, que trasciende los límites de su pabellón


Hoy, el pabellón del Palacio de los Deportes de Gijón está vacío, pero hasta hace poco, cuando jugaba el Gijón Basket, los más de seiscientos fieles no faltaban a la cita: en la victoria se escuchaban los gritos de ánimo y en la derrota, el aliento para seguir trabajando. El eco del ese silencio actual deja patente, aun más, que los jugadores son una piña, que su staff se entiende y se percibe como un grupo unido, que la directiva es una facilitadora y que la afición es una comunidad… En definitiva: «Somos la familia Gijón Basket», como afirma Eduardo Pando, su vicepresidente.

Con el recuerdo del extinto Gijón Baloncesto en la memoria –con quien Diego Sánchez, director deportivo, observó sus primeras canastas y se embelesó con jugadores como Óscar Moro o Campoamor, que, por cierto, ha llevado a su hijo a esta cantera– buscan reafirmarse como «un equipo con una estructura muy reconocida tanto en la ciudad, de la que llevamos sus colores, como en la región» sentencia Pando. 

Este 2020 se anunciaba como fiesta ya que el club celebra sus bodas de plata –se inició en 1995 como Club Baloncesto Corpi; en 2015 absorbió el Club Deportivo Formabasket y se unificó como Gijón Basket 2015–, pero una pandemia ha detenido las notas del ‘Gijón del alma’. Sin embargo, desde la directiva reconocen que «a nivel administrativo estamos trabajando con efervescencia para cuando se produzca la reanudación de las actividades y de la competición». Y añade que quieren «mantener e incluso aumentar» el número de equipos federados. Actualmente, más de 260 niños, 520 padres y catorce entrenadores constituyen la cantera, divididos entre los once equipos del club y los doce escolares. De hecho, Eduardo Pando recuerda que «los gestores somos padres y madres de jugadores» y que «para nosotros es importante la masa social del equipo EBA, pero también la de padres». 

Foto: Gijón Basket

Los equipos de la cantera llevaron la pasada campaña el nombre de pequeños comercios gijoneses que quieren formar parte de la idiosincrasia del Gijón Basket, que se identifican con los valores –pasión, deportividad, ética, sacrificio, compañerismo y compromiso social son algunos de ellos– y que, en más de una ocasión, están directamente relacionados con los más pequeños del club. Su presencia es fundamental para que «nuestra idea persista: que los niños hagan la mayor trayectoria posible con nosotros». Asimismo, Pando reconoce una de sus ilusiones: «Ojalá, pronto, nuestro base o nuestro pívot lleve en el club más de siete años». Una ilusión que comparte con el jugador –pues reconoce que «mientras sea útil seguiré jugando porque es mi hobby, donde me siento a gusto».

«Ojalá los chicos puedan tener muchos modelos en la plantilla. Es la idea que queremos exportar: que ellos quieran ser referencia en el equipo de su casa. Personalmente una de las cosas más bonitas que me han pasado en el baloncesto es el contacto con los niños, es impagable que ellos te admiren»

Diego Sánchez, director deportivo del Gijón Basket

En cuanto a la parcela deportiva, Sánchez admite que «es un momento complicado para trabajar porque no hay nada fijo, pero también es momento de conocer las ideas de la gente porque, además, en cuanto se aclaren las normas de competición para la próxima temporada hay que moverse rápido». Se le había planteado la campaña pasada la posibilidad de incorporarle en el puesto que ha asumido recientemente, pero una obligada despedida por motivos laborales lo impidió. Ahora que ha regresado admite que «tengo muchas ideas que me gustaría aplicar y quiero perfilarlas y plasmarlas con el cuerpo técnico y la directiva; tenemos que dar pasos sólidos pero firmes y que el Gijón Basket se convierta en referencia en el ámbito del baloncesto y sobre todo de la cantera».

Cree que «si los jugadores perciben el club como suyo y se sienten partícipes se motivarán y rendirán mejor». Y habla desde la experiencia, que le ha permitido construir su propia idea a raíz de lo aprendido en distintas parcelas a lo largo de su carrera: «Me he quedado con las cosas buenas de cada uno y quiero aplicarlo». 


“Un equipo, una ciudad, una ilusión” es el lema que enuncia las intenciones presentes y futuras de la nueva directiva: «Dar el salto de categoría no es un objetivo, pero es nuestra gran ilusión» dice su vicepresidente. Porque el objetivo «es que nuestros chicos infantiles lleguen al equipo de Liga EBA o que incluso no tuviéramos estructura y se marcharan a equipos superiores». En trabajar «por y para la cantera» está su misión y también su visión. Y lo secunda el director deportivo, que habla de la importancia de conseguir que «a los jóvenes les apetezca jugar con nosotros, que vean que tienen recorrido en el equipo» porque, recalca, «la clave del éxito en una cantera es el vínculo emocional». Respeta los modelos ajenos, pero afirma que «este el nuestro, el que nos gusta, con el que hemos trabajado durante años y que, quizá, si somos capaces de mantener la base de asturianos esta temporada sea un factor a favor».

Diego Sánchez dice que el baloncesto es su «naturaleza» y ahora, junto con el resto de los miembros de la familia, se ha propuesto sembrar las semillas que, más pronto que tarde, darán sus frutos… para fortuna del baloncesto, especialmente del baloncesto gijonés.


Por Paula Martín, periodista y directora de La magia del Brujo

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