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En la mayor parte de las ocasiones, zapear en la TDT se parece mucho a dar un paseo por tu barrio. En pocos casos encuentras sorpresas y te tropiezas a menudo con viejos conocidos: Esas series que lleva años en la parrilla o aquella película que ya viste el siglo pasado. No se van nunca. Se han quedado a vivir ahí, en ese universo de comedias españolas y western americanos de bajos presupuesto.

¿Por qué? ¿Qué es lo que da esa resistencia que las convierte en auténticas supervivientes de la parrilla? “Básicamente porque son baratas”, explica Alberto N. García, profesor de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Navarra y experto en series de televisión.

Cuatro temporadas para ser rentables

Este especialista explica que en la industria norteamericana se ha buscado durante mucho tiempo que las series de emisión semanal llegasen a los cien episodios, unas cuatro temporadas. Porque era en eso momento cuando su rentabilidad aumentaba: “Podían venderse a canales denominados sindicados para los «re-runs», es decir, series que en un segundo o tercer pase se emitían diariamente”. Se trata, además, de “un material ya amortizado que llena parrilla de forma fácil y, al ser habitualmente un éxito pasado, puede enganchar con facilidad a los espectadores casuales”.

Reencuentro con viejos amigos

Cuando vamos de un canal a otro, de este modo, es más sencillo que nos detengamos si vemos caras que nos resulten familiares. Al igual que hay más posibilidades de que entremos en un bar si nuestros amigos están dentro. “Dicho de otro modo: si estás zapeando y te encuentras un capítulo de Friends es más fácil que te detengas un rato. Si lo has visto ya, para reverdecer laureles. Y, si no, porque es un entorno conocido en el que se puede entrar con facilidad”, indica Alberto N. García. Y añade: “Las audiencias jamás serán masivas, pero es un contenido barato de emitir, puesto que ya va por su enésima ventana de distribución”. 

Friends

Compras de series en lote

En la presencia constante de ciertas series y películas influye también la existencia de lotes que se venden a las televisiones. De esta manera, se consiguen de forma barata ciertos contenidos que vienen en packs y que suelen incluir producciones antiguas. En algunas ocasiones, a pesar de que ya se hayan emitido cientos de veces, siguen teniendo su audiencia. Como ocurre con las películas del oeste, atractivas, explica el experto, para “gente de cierta edad que ya no se ha subido ni al carro de la televisión por cable, ni mucho menos al streaming”.

Esto influye también en las horas de emisión de este tipo de contenidos, que suelen aparecer en la televisión en horario de sobremesa,  cuando “la posibilidad de que haya adolescentes viendo una televisión autonómica son mucho más escasas que las de ese otro tipo de público de mayor edad”.

Centauros del desierto

Coste o audiencia, ¿qué es más determinante a la hora de programar?

“No se puede establecer una dicotomía. La rentabilidad la da la audiencia”. Alberto N. García lo tiene claro. En televisión siempre hay que buscar en equilibrio: “Si tienes audiencia que te permita cubrir los costes y ser rentable, pues entonces podrás seguir haciendo tal o cual programa”. Eso explica que programas muy caros se queden en parrilla muchos años y otros, como viejas series y películas, se repitan constantemente. Porque su relación entre coste y rentabilidad es buena. Y mientras cumplan con esa premisa, seguirás encontrándotelas cuando navegues por la TDT.

Por Javier Fernández

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